miércoles, 17 de septiembre de 2014

Warcraft - Capítulo #4: La Primera Gran Guerra de Azeroth

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Capítulo 4: La Primera Gran Guerra de Azeroth

La Apertura del Portal Oscuro

Ajeno a los sucesos que acontecían en Draenor, Medivh continuaba la lucha por su alma contra Sargeras. El Rey Llane, monarca de la nación de Ventormenta, empezó a darse cuenta de la oscuridad que parecía contaminar el espíritu de su antiguo amigo. Llane acabó compartiendo sus temores con Anduin Lothar, su amigo de la infancia y al que había nombrado lugarteniente de sus ejércitos. Pero ni los dos juntos pudieron imaginar, y aun menos evitar, que la lenta pero creciente locura de Medivh acabaría desencadenando los horrores a los que pronto los hombres deberían enfrentarse. Como un empujón final para la Horda, Sargeras contactó con Gul'dan a través del cuerpo de Medivh. El Titán oscuro prometió a Gul’Dan un gran poder si este accedía a liderar a la Horda hacia Azeroth. Sargeras le reveló que podría convertirse en una deidad si encontraba la tumba sumergida en el mar donde la guardiana Aegwyn dejó su cuerpo mutilado mil años atrás. Atraído por la oferta, Gul'dan aceptó, y decidió que, una vez eliminados los habitantes de Azeroth, buscaría la tumba y reclamaría su poder para sí. Medivh, controlado por el espíritu de Sargeras, traicionó a la humanidad, y, sin que nadie lo supiera, abrió un pasaje dimensional con la ayuda de los brujos del Consejo de las Sombras, que sería conocido como El Portal Oscuro. El portal serviría como puente entre Azeroth y Draenor, y sería lo suficientemente grande como para que un poderoso ejército lo cruzara. Deseoso por conocer los tesoros de esta nueva tierra, Gul’dan reunió a sus ejércitos a la entrada del poderoso portal, sin embargo, Durotan denunció a los brujos una vez más. El valiente guerrero insistió en que la corrupción de los demonios terminaría destruyendo la pureza del espíritu orco y que esta temeraria invasión sería su perdición. Gul’dan, incapaz de arriesgarse a asesinar a un héroe tan popular, se vio obligado a exiliar a Durotan y su clan Lobo Gélido a los lejanos confines de este nuevo mundo, el cual habitarían desde entonces.


Garona, la emisaria de Karazhan

Gul’dan se encontraba ansioso por finalizar su tarea de conquistar el planeta y soñaba con reclamar el poder que le esperaba en la legendaria Tumba de Sargeras. Impaciente por dar comienzo a su invasión, el brujo envió a sus primeros espías para que explorasen la nueva tierra. Entre ellos se encontraba su mejor y más conocida asesina, Garona la semiorco, que había sido criada por el propio Gul’dan desde niña y manipulada por su magia hasta convertirla en el soldado perfecto. Repudiada por el resto de su raza por sus orígenes mestizos, Garona formó parte de una de las primeras incursiones sobre el continente de Azeroth. Este primer grupo se adentró sobre la desconocida tierra, hasta que su viaje les llevó a una oscura y misteriosa fortaleza, la torre de Karazhan. Los orcos sintieron enseguida que aquella torre guardaba algo maligno en su interior, pero lo que no sabían era que en realidad aquella fortaleza era la residencia y refugio del enloquecido Medivh. Garona se dirigió junto con el resto del grupo hacia la fortaleza, sin embargo, una vez allí, no recibieron la bienvenida que esperaban. Utilizando sus poderes, Medivh atacó al desprevenido grupo, a excepción de Garona, a la que misteriosamente perdonó la vida. Garona se sorprendió por la piedad del mago e inmediatamente regreso junto con Gul’dan para traerle la noticia. Aprovechando esta situación, el brujo decidió mandar a su asesina de vuelta a la fortaleza en varias ocasiones, hasta que con el tiempo, sus frecuentes viajes sirvieron para ganarse el rango de emisaria de Karazhan. Fue durante ese tiempo cuando Garona pudo conocer de cerca al misterioso mago y a su joven aprendiz Khadgar. En un principio, Khagdar se mostraba furioso por la presencia de la orco, sin embargo Medivh interrumpía constantemente sus peleas. Por primera vez Garona sentía que era tratada como un igual, desarrollando un progresivo respeto por su anfitrión. El noble mago le había dicho absolutamente todo lo que ella quería saber, a sabiendas de que era un espía de Gul’dan, y ella sintió que no podía romper esta confianza. Poco a poco Garona empezó a traer información cada vez más limitada a su amo, hasta el punto de empezar a cuestionarse sus lealtades. Su amistad con los dos magos siguió creciendo, sin embargo cuanto más tiempo pasaba, Garona y Khadgar empezaron a percibir un extraño comportamiento en Medivh, que se había vuelto más irritable y solitario.


La Caída de Ventormenta

Después de unos pocos años, la mayoría de la Horda había cruzado hacia Azeroth. Tras el exilio de los Lobo Gélido, uno a uno el resto de clanes se adentraron en el misterioso planeta, estableciendo su primera base de operaciones cerca de una oscura y pantanosa área del continente, La Ciénaga Negra. La ciénaga se convirtió en el primer refugio de los orcos, pero no pasó mucho tiempo hasta que estos se extendieron por nuevas tierras y entraron en conflicto con los primeros defensores humanos del reino de Ventormenta. El noble reino trato de defender sus territorios, y aunque estas escaramuzas solían acabar rápidamente, fueron útiles para aprender acerca de las debilidades de ambas razas. Ajenos a la existencia del Portal Oscuro, Llane y Lothar nunca conocieron datos confiables acerca del número real de orcos y no pudieron imaginar cuán grande era la fuerza que venía contra ellos.

Conforme las fuerzas de ambos ejércitos chocaron por todo el reino, Garona y Khadgar continuaron extrañándose por la conducta de Medivh. Sonidos aterradores se oían desde su dormitorio, y extrañas apariciones de demonios se volvieron frecuentes en el castillo. Ambos héroes sospecharon que algo malo le estaba ocurriendo al Guardián, por lo que decidieron investigar si existía alguna relación entre la llegada de los orcos y su comportamiento. Dispuestos a averiguar que le había ocurrido, utilizaron un hechizo para observar su pasado, pero jamás supusieron los horrores que iban a encontrar durante su visión. Horrorizados, descubrieron que Medivh había sido el precursor de la invasión de los orcos, siendo el responsable de la apertura del portal que había traído la devastación al mundo. Por un momento ambos héroes pudieron ver la verdadera cara de su maestro, sin embargo no sabían que habían sido descubiertos. Medivh les había vigilado todo el tiempo, y viendo revelado su secreto, ya no vio necesario ocultar su maldad. Desatando su inmenso poder, el mago atacó a sus amigos despiadadamente, sin embargo, estos finalmente consiguieron escapar. Malheridos y contrariados por su traición, los dos héroes se dirigieron a la seguridad del reino de Ventormenta. Allí Khadgar presentó a la humanidad a su peculiar compañera y explicó al rey la historia que ambos habían presenciado. Incapaz de creer semejantes revelaciones, el rey Llane vio innecesario actuar contra el mago, y mantuvo desdeñosamente su posición en la capital. Sin embargo Sir Lothar, si había creído en su historia, y estaba convencido de que destruyendo a Medivh lograría poner solución al conflicto. Teniendo que escoger entre sus convicciones y su lealtad al rey, finalmente decidió seguir sus instintos, formando un grupo de guerreros que trataría de asesinar al enloqueció guardián. El grupo de héroes se dirigió a la Torre de Medivh acompañados por la propia Garona y Khadgar, y una vez en sus salones, encontraron al delirante mago que les estaba esperando. Medivh desencadenó todos sus poderes sobre sus antiguos aliados. Este expresó su decepción por Garona, diciéndole que de todas las personas, tenía la esperanza de que precisamente ella no se opondría a él. Sintiendo pocos remordimientos por la semiorca, Medivh la toco en la frente lanzándole uno de sus poderosos hechizos que la derribo y dejo incapacitada.Tras una formidable lucha, Medivh fue finalmente reducido por Khadgar y Lothar, sin embargo Garona había desaparecido. La muerte del guardián había tenido más consecuencias de las que ellos imaginaron. Sin saberlo, habían roto el fuerte enlace psíquico que existía entre este y Gul’dan, provocando que el brujo cayera en un estado catatónico, y, en última instancia, que el espíritu de Sargeras fuese enviado hacia el abismo. A pesar de la ausencia de su líder, la Horda continuó su asedio sobre la ciudad de Ventormenta. Cuando la victoria de los orcos parecía cercana, Orgrim Martillo Maldito, comenzó a observar la depravada corrupción que se había extendido en los clanes desde su tiempo en Draenor. Los orcos, consumidos por su sed de sangre, y guiados por su déspota líder, habían perdido totalmente su identidad. Secretamente, decidió reunirse con su viejo camarada Durotan, quien había regresado del exilio, no obstante, los asesinos de Gul´dan mataron al noble orco y a su esposa Draka antes de eso, dejando vivir únicamente a un pequeño niño orco, que fue encontrado por el oficial humano Aedelas Lodonegro y llevado como esclavo sin que Orgrim lo supiera. Destrozado por la muerte de su amigo Durotan, Orgrim se propuso liberar a la Horda de la corrupción demoníaca y asumir el rol de Señor de la Guerra, aprovechando que Gul’dan no estaba para oponerle resistencia.

Tras un largo periodo Gul’dan finalmente despertó, y al hacerlo, se encontró con que el líder orco se había hecho con el poder, y había matado a Puñonegro y a todos los miembros del Consejo de las Sombras. Rencoroso, Gul´dan no guardaba ninguna lealtad hacia Orgrim, pero le apoyaría mientras llegaba el momento adecuado. Para ganarse la simpatía del nuevo Señor de la Guerra, capturó los cuerpos de varios caballeros de la Alianza caídos, e invocando a los miembros asesinados del Consejo, logró que sus espíritus revivieran en los cuerpos de los caballeros, a quienes llamó Caballeros de la Muerte. Orgrim estaba complacido con los Caballeros de la Muerte, pues eran poderosos aliados en la batalla, sin embargo, no sospechó que éstos eran fieles únicamente a Gul´dan. 

Orgrim inició el ataque final sobre la ciudadela de Ventormenta. El rey Llane había subestimado el poder de la Horda, e inició un desesperado intento de buscar ayuda contra los invasores pieles verdes. Junto a él, se encontraba la desaparecida Garona, que en realidad había sido secuestrada por la Horda, y se le había encomendado la misión de asesinar al rey aprovechando que se había convertido en un personaje de confianza para él. Entre lagrimas y obligada a demostrar su lealtad, Garona no tuvo mas remedio que seguir las ordenes y atravesarle el corazón. Lothar y sus guerreros, regresaron a casa desde Karazhan, esperando poder salvar su amada patria. En cambio, volvieron demasiado tarde y lo único que encontraron fue sus ruinas. La salvaje Horda había reclamado el país y todas sus tierras para sí misma. Forzados a ocultarse, Lothar y sus compañeros viajaron al único reino humano capaz de hacer oposición ahora a la victoriosa horda, Lordaeron, haciendo el juramento de que reclamarían su patria en el futuro cualquiera que fuera el precio.



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