lunes, 15 de septiembre de 2014

Warcraft - Capítulo #2: El Nuevo Mundo

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Capítulo 2: El Nuevo Mundo

La Fundación de Quel’Thalas

Según la biblioteca secreta de los Altos Elfos
(6800 años antes de la Primera Guerra)

Los Altos Elfos, liderados por Dath´Remar, dejaron Kalimdor atrás y retaron las tormentas de la Vorágine. Sus flotas navegaron el ancho mundo por largos días, descubriendo misteriosos reinos perdidos a lo largo de su viaje. Dath´Remar, quien había tomado el nombre de Caminante del sol, buscaba lugares de gran poder sobre los cuales construir el nuevo hogar de su pueblo.

Su flota finalmente llegó a las playas de un continente que más tarde sería llamado Lordaeron. Desembarcando, los altos elfos fundaron un asentamiento en los tranquilos Claros de Tirisfal. Después de pocos años, muchos de ellos comenzaron a volverse locos misteriosamente. Los sacerdotes altos elfos teorizaron que algo maligno dormía en esta parte del mundo, pero los rumores nunca pudieron ser probados. Los Altos Elfos levantaron su campamento y se movilizaron hacia el norte, donde existía otra zona rica en energías. Conforme cruzaban las ricas tierras montañosas de Lordaeron, su viaje se volvió cada vez más difícil. Desde que se cortó su relación con las energías del Pozo de la Eternidad, muchos de ellos cayeron por el frío clima o murieron de enfermedad. El más desconcertante cambio, sin embargo, fue el hecho de que ya no eran inmortales ni inmunes a los elementos. Se volvieron más pequeños de lo que eran, su piel se volvió blanca, perdiendo el color púrpura característico de su raza, y su cabello se volvió rubio, como el sol. Encontraron increíbles criaturas que nunca habían visto en Kalimdor como los tribales humanos, que cazaban en los antiguos bosques. Sin embargo, el mayor reto fue enfrentarse a los voraces y astutos Trols de Zul’Aman.

Los Trols Amani tenían la capacidad de regenerar su piel y sus miembros ante las más terribles lesiones. Probaron ser una raza barbárica y malvada contra los elfos extranjeros, que traspasaban sus fronteras. Por siglos, el Imperio Amani había combatido con otros reinos Trols que se habían asentado en los continentes del sur, los Gurubashi de la Junglas de la Vega de Tuercespina, pero la llegada de los Altos Elfos fue considerada un insulto para sus ancestros y sus dioses. Después de muchos años, los Altos Elfos finalmente encontraron una tierra que era parte remanente del antiguo continente de Kalimdor. En las profundidades de los bosques del continente, fundaron el reino de Quel´thalas, y se abocaron a crear un poderoso imperio que superase el de sus primos Kaldorei, pero desafortunadamente la ciudad fue fundada sobre los restos de un antiguo asentamiento que los Trols consideraban sagrado. Los elfos, decididos a no abandonar su nueva tierra, utilizaron su magia para combatir a los salvajes Trols. Bajo el liderazgo de Dath’Remar, fueron hábiles para derrotar a las bandas guerreras de los Amani, que los superaban diez a uno. Algunos elfos, sin embargo, recordando las anteriores prevenciones de los Kaldorei, temieron que el uso de la magia pudiera llamar la atención de la derrotada Legión Ardiente. Por lo tanto, decidieron defender sus tierras con una barrera protectora que les permitiera realizar sus encantamientos sin ser vistos. Construyeron una serie de monolíticas runas en varios puntos alrededor de Quel´thalas, que demarcarían las fronteras de la mágica barrera. Las Runas no solamente enmascaraban la magia elfa de ser detectada por otras dimensiones, sino que les ayudaron a ahuyentar a las supersticiosas bandas de Trols.

Con el paso del tiempo, Quel´thalas se transformó en un monumento al progreso mágico de los Altos Elfos. Sus vetustos palacios fueron forjados con el mismo estilo estructural que los antiguos salones en Kalimdor, pero respetando la topografía de la tierra. Quel´thalas comenzó a brillar como la joya que los Altos Elfos siempre soñaron. Se fundó el Concejo de Lunargenta para regir el poder sobre Quel´thalas. Compuesto por siete de los más grandes señores de los Altos Elfos, el Concejo trabajaba para asegurar la seguridad de las tierras elfas y su pueblo, aunque la dinastía de los Caminante del Sol siempre mantendría un módico poder político sobre la ciudad. Rodeados por su barrera protectora, los Altos Elfos olvidaron las advertencias de los Elfos Nocturnos y continuaron usando la magia en casi todos los aspectos de sus vidas. En el centro de su capital Lunargenta, sobre una enorme isla al norte de Zul’Aman, crearon el Pozo del Sol, con aguas remanentes del Pozo de la Eternidad que habían traído desde Kalimdor.

Casi por cuatro mil años los altos elfos vivieron pacíficamente dentro de la seguridad de su reino. Sin embargo, los conflictivos Trols no eran fáciles de derrotar. Escondidos en la profundidad de Zul’Aman esperaron que el número de sus bandas creciera hasta que finalmente, un poderoso ejército trol emergió de los sombríos bosques e inició el asedio de la brillante Quel´thalas.


La Edad del Hombre - Arathor y las Guerras Trols
(2800 años antes de la Primera Guerra)

Mientras los Altos Elfos combatían por sus vidas contra el continuo asedio de los Trols, los primitivos y nómadas humanos de Lordaeron trataban de consolidar sus propias tierras tribales. Las tribus de la temprana humanidad luchaban unas contra otras con muy poca identidad de unidad u honor. Esta situación perduro hasta que una de las tribus, conocida como los Arathi, tomó conciencia que la amenaza trol era muy grande para ser ignorada. Los Arathi se dispusieron a unir todas las tribus bajo su égida y proveer un frente unificado contra los Trols.

Durante el curso de los siguientes seis años, los Arathi derrotaron a las tribus rivales. Con cada victoria, los Arathi ofrecían paz e igualdad a los pueblos conquistados, con lo que se ganaban la lealtad del pueblo derrotado. Finalmente, la tribu Arathi logró incorporar muchas tribus dispersas, y las filas de su ejército se volvieron enormes. Considerando necesario prevenir un inminente ataque de los Trols, e incluso a los reclusivos altos si fuese necesario, los altos señores Arathi decidieron construir una poderosa ciudad-fortaleza en la región sureste de Lordaeron. La ciudad-estado, llamada Strom, se convirtió en la capital de la nación Arathi, Arathor. Conforme Arathor prosperaba, humanos de todo el inmenso continente viajaron hacia el sur, hacia la seguridad de Strom. Unidos bajo un solo estandarte, las tribus humanas desarrollaron una fuerte y optimista cultura. Thoradin, rey de Arathor, tenía conocimiento del constante asedio que sufrían los elfos en el norte, pero rehuía a arriesgar la seguridad de su gente para defender a los reclusivos extranjeros. Muchos meses pasaron hasta que rumores acerca de la derrota de los elfos llegaron del norte. No fue sino hasta que los embajadores de Quel´thalas llegaron a Strom en busca de ayuda, que Thoradin decidió enfrentar a la amenaza trol. Los elfos informaron a Thoradin que los ejércitos trol eran inmensos y que una vez que los Trols destruyeran Quel´thalas, regresarían para atacar el sur. Los desesperados elfos, en su necesidad de ayuda militar, prometieron entrenar a un selecto grupo de humanos en la magia a cambio de la ayuda contra las bandas de guerra trol. El noble monarca decidió ayudar a los elfos, y pocos días después, decenas de hechiceras elfas llegaron a Arathor, dando comienzo a la instrucción de los humanos.

Los elfos descubrieron que algunos humanos tenían una capacidad innata para controlar la magia, y una afinidad natural hacia ella. Cien hombres fueron instruidos en los secretos mágicos de los elfos: no más absolutamente de los necesarios para combatir a los Trols. Convencidos de que sus estudiantes humanos estaban listos para ayudarles, los elfos y humanos dejaron Strom y viajaron hacia el norte decididos a combatir a los territoriales Trols. Los ejércitos unidos de elfos y humanos irrumpieron fuertemente contra las bandas de Trols al pie de las Montañas de Alterac. La batalla duró muchos días, pero los ejércitos de Arathor no se retiraron hasta que el último trol cayó. Los señores elfos dejaron caer todo el poder de su magia sobre los enemigos. Los cien magos humanos y una multitud de hechiceras elfas llamaron la furia de los cielos y la dejaron caer sobre los ejércitos Trols. Los fuegos elementales prevenían la regeneración de las heridas de los Trols y quemaban sus torturadas formas.

Con los ejércitos Trols derrotados y en retirada, los ejércitos de Thoradin embistieron a cada uno de sus guerreros. Los Trols nunca se recobrarían de su derrota, y la historia nunca les volvería a ver como el enorme imperio que fueron. Segura Quel´thalas de la destrucción, los elfos mantuvieron relaciones pacíficas con la nación humana de Arathor y la línea real de Thoradin, a la cual juraron lealtad y amistad durante las épocas venideras.


Los Guardianes de Tirisfal

Según la biblioteca secreta de los Altos Elfos
(2700 años antes de la Primera Guerra)

Con la ausencia de los Trols de las tierras del norte, los elfos de Quel'Thalas se dedicaron a fortalecer su gloriosa patria. Los victoriosos ejércitos de Arathor volvieron a casa en la sureña Strom. La sociedad humana creció y prosperó, mientras que Thoradin, viendo como su reino se extendía, mantuvo a la ciudad como el centro del Imperio Arathoriano. Después de muchos pacíficos años de crecimiento y comercio, el poderoso Thoradin finalmente murió de vejez, dejando a la joven generación de Arathor libre para expandir el imperio más allá de las costas de su capital.

Los cien magos originales, quienes fueron instruidos en los caminos de la magia por los elfos, mejoraron sus poderes y estudiaron las místicas disciplinas de hacer encantos con mucho más detalle. Estos magos, inicialmente escogidos por su noble espíritu, siempre practicaron la magia con cuidado y responsabilidad. Sin embargo, pasaron sus secretos y poderes a una generación nueva que no tenía concepto de los rigores de la guerra o la necesidad por sobrevivir. Estos jóvenes magos empezaron a practicar la magia por gusto personal sin ninguna responsabilidad para con sus congéneres. A medida que el imperio se extendía hacia nuevas tierras, los jóvenes magos también viajaron por el continente. Usando sus poderes místicos, los magos protegían a sus hermanos de las criaturas salvajes de la tierra, haciendo posible la colonización y la creación de nuevas ciudades-estado. Sin embargo, al tiempo que sus poderes crecían, comenzaron a aislarse del resto de la sociedad. Con el tiempo, estos magos fundaron una segunda ciudad-estado al norte de Strom, Dalaran, en su sueño de crear una residencia para cualquiera que desease practicar la magia con libertad. Elevando una inmensa sociedad en torno a la magia, los estudiantes arcanos se sumergieron en sus estudios, aprendiendo nuevos y poderosos hechizos. Aprendieron a convocar ventiscas, a tele-transportarse, a volverse invisibles, a metamorfosear a otros seres en animales, e incluso, lograron liberar a los Elementales de Agua de sus prisiones. Los ciudadanos de Dalaran toleraban a los magos y constituyeron una fuerte economía bajo la protección mágica de sus defensores, pero un secreto poder acechaba a los despreocupados humanos.

Los siniestros agentes de la Legión Ardiente, que habían sido expulsados con el estallido del Pozo de la Eternidad, fueron atraídos al mundo por los constantes hechizos de los magos de Dalaran. Los despreocupados magos habían roto sin saberlo el delgado hilo que separaba la realidad de las dimensiones etéreas. Estos relativamente débiles demonios no aparecían como una fuerza peligrosa, pero causaban considerable confusión y caos en las calles de Dalaran. Muchos de estos demonios provocaron insólitos eventos, y los magos regidores de la ciudad decidieron ocultarlos del público. Los más poderosos magos fueron enviados a capturar a los elusivos demonios, pero a veces eran vencidos por algún solitario poderoso agente de Legión. Después de unos pocos meses, los supersticiosos campesinos empezaron a sospechar que sus líderes les ocultaban una terrible verdad. Rumores de una revolución empezaron a recorrer las calles de Dalaran, y los paranoicos ciudadanos dudaban acerca de las prácticas y motivos de los magos que una vez admiraron. Posesiones, apariciones de temibles criaturas demoníacas, asesinatos sin motivo alguno, empezaron a producir el pánico entre los habitantes de la ciudad. Los magos, temiendo que Strom tomara acciones contra ellos, se volvieron al único grupo que entendería su particular problema: los Altos Elfos.

Alarmados por las noticias acerca de la actividad demoníaca en Dalaran, los elfos rápidamente enviaron a sus magos más poderosos a las tierras humanas. Estos estudiaron las energías en Dalaran, y elaboraron reportes detallados de actividad demoníaca en la ciudad. Concluyeron que eran debidas solamente a unos pocos demonios perdidos en el mundo, pero la Legión misma podría retornar si los humanos continuaban usando las fuerzas de la magia.

Recordando el pecado de sus ancestros, el Concejo de Lunargenta hizo un pacto secreto con los Magos de Dalaran. Los elfos informaron a los Magos acerca de la ancestral historia de Kalimdor y la Legión Ardiente, una historia que había estremecido al mundo. Advirtieron a los humanos que, mientras más tiempo usaran la magia, tendrían que proteger a sus ciudadanos de los malvados agentes de la Legión. Los Magos propusieron la noción de dar poder a un simple campeón mortal, quien imbuido por el poder de otros magos, utilizaría sus poderes colectivos para pelear una infinita guerra secreta contra la Legión. Esto permitiría a la mayoría de la humanidad ignorar por completo la existencia de los Guardianes y su guerra contra la Legión, evitando que se propagarse el pánico. Los elfos estuvieron de acuerdo y propusieron fundar una orden secreta para dedicarse a la elección del Guardián y ayudarle a combatir el caos en el mundo. La secta secreta recibiría el nombre de los Guardianes de Tirisfal, en honor a los claros donde tuvieron lugar sus primeras reuniones. La sociedad ahora se encargaría de escoger a los guardianes e imbuirlos con los poderes tanto de magos elfos como humanos. Solamente habría un Guardián a la vez, pero tendrían un vasto poder para derrotar a los agentes de la Legión. Este llevaría su cruzada personal contra los demonios, hasta el momento de elegir un nuevo campeón, momento en el que el consejo canalizaría sus poderes hacia el nuevo agente bajo condiciones controladas.

Con el paso de las generaciones, las naciones de humanos y elfos crecieron y prosperaron gracias al uso de la magia, mientras los Guardianes observaban vigilantes sus reinos, defendiéndolos en su guerra invisible contra los demonios.


Forjaz – El Despertar de los Enanos

Runas enanas de Forjaz
(2500 años antes de la Primera Guerra)

En tiempos ancestrales, después de que los Titanes partieran de Azeroth, sus hijos, los terráneos, continuaron su función de formar y guardar las profundidades abismales del mundo. Los terráneos no mostraban interés por los problemas de las razas que poblaban la superficie, y solamente se inmiscuían en sus asuntos en las oscuras cavernas de la tierra.

Cuando el mundo fue destruido por la implosión del Pozo de la Eternidad, los terráneos fueron profundamente afectados. Sufriendo el dolor mismo de la tierra, perdieron mucho de su identidad, y se fundieron con las rocas de las que habían sido creados. Profundamente dormidos en la profundidad de las cavernas, descansaron en paz cerca de ocho mil años hasta que una extraña enfermedad empezó a perturbarles.

“No está claro por qué despertamos”, rezan las antiguas runas enanas. “Pero habíamos cambiado durante la hibernación. Nuestras rocosas formas se habían vuelto piel, y nuestros poderes sobre la piedra y la tierra habían desaparecido. Éramos criaturas mortales”.

Los últimos terráneos dejaron atrás los salones de Uldaman y se aventuraron a caminar sobre la superficie. Nunca abandonaron la seguridad de las profundidades, por lo que fundaron un vasto reino bajo la más alta montaña de la tierra. Llamaron a su tierra Khaz Modan, en honor al enorme Titán Khaz´goroth, y fundaron una poderosa forja en el corazón de la montaña. La ciudad, que creció alrededor de aquella fragua, se llamó Forjaz, y a partir de ese instante, se llamarían asimismo Enanos. Los enanos, por naturaleza fascinados con las gemas y la piedra, se dedicaron a la excavación y la minería en las montañas circundantes. Felices y volcados en sus trabajos, los enanos continuaron aislados de los problemas de sus vecinos de la superficie.


Los Siete Reinos

Archivos del Kirin Tor
(1200 años antes de la Primera Guerra)

Strom continuó actuando como capital de Arathor, pero al igual que Dalaran, nuevas ciudades-estado aparecieron a lo largo del continente de Lordaeron. Gilneas, Alterac, y Kul Tiras fueron las siguientes ciudades-estado en levantarse, y aunque tenían sus propios gobiernos y relaciones comerciales, seguían bajo la autoridad unificada de Strom. Bajo el ojo vigilante de la Orden de Tirisfal, Dalaran se convirtió en el corazón del aprendizaje para los magos de toda la tierra. Los Magos que regían Dalaran crearon el Kirin Tor, una cámara especializada encargada de catalogar y registrar cada hechizo, artefacto y objeto mágico conocido por la humanidad a través del tiempo. Gilneas y Alterac, por su parte, se convirtieron en fuertes soportes militares de Arathor y desarrollaron grandes ejércitos que exploraron las montañosas tierras de Khaz Modan. Fue durante este periodo que los humanos conocieron a la antigua raza de los enanos, viajando a la cavernosa ciudad subterránea de Forjaz. Los humanos y los enanos intercambiaron muchos secretos acerca de los usos del metal y la ingeniería, y descubrieron una mutua afinidad por las batallas y el relato de historias.

La ciudad-estado de Kul Tiras, fundada sobre una gran isla al sur de Lordaeron, desarrolló una próspera economía basada en la pesca y el comercio mercante. Con el tiempo, Kul Tiras construyó una poderosa armada que exploró los mares y tierras conocidas en busca de bienes exóticos para comerciar.

Mientras la economía de Arathor florecía, sus fuertes componentes empezaron a desintegrarse. Con el tiempo, los señores de Strom decidieron movilizar sus estados a las fértiles tierras del norte de Lordaeron y dejar sus tierras del sur. Los nietos del rey Thoradin, los últimos descendientes de la dinastía Arathi, argumentaron que Strom no debía ser abandonada, pero los señores de Strom, observando la pureza del intocado norte, decidieron dejar atrás su ancestral ciudad. Hacia el norte de Dalaran, construyeron una nueva ciudad que llamaron Lordaeron, que más tarde daría nombre al continente entero. Lordaeron se convirtió en la capital y meca religiosa de la humanidad. Algunos de los descendientes Arathi, que permanecieron fieles a los antiguos muros de Strom, decidieron viajar a su vez hacia el sur, más allá de las tierras de los enanos. Su viaje les llevó a un nuevo continente que llamaron Azeroth, fundando allí el noble reino de Ventormenta.

Los pocos guerreros que permanecieron en Strom decidieron guardar los ancestrales muros de la ciudad, que en adelante sería conocida como Stormgarde (La Guardia de Strom). Strom había perdido su rol de ciudad capital y ya no era más que el centro del imperio. Las naciones humanas habían desarrollado sus propias costumbres y creencias, y conforme prosperaron, el Imperio Arathoriano se vio finalmente desintegrado. La visión de una humanidad unida que un día tuvo el rey Thoradin finalmente se había desvanecido en el tiempo.


Aegywn y la Cacería del Dragón

Según la biblioteca secreta de los Altos Elfos
(830 años antes de la Primera Guerra)

A medida que las rivalidades políticas de las siete naciones humanas aumentaban y empeoraban, la línea de los Guardianes siguió en constante vigilancia contra el caos. Hubo muchos guardianes a través de los años, pero uno de ellos se distinguió frente a todos los demás. Magna Aegwyn, una bravía chica humana, ganó la aprobación de la orden, dominada eminentemente por hombres. Aegwyn demostró ser una excelente guerrera contra la sombra, y a menudo cuestionaba la autoridad del Concilio de Tirisfal, gobernado por los envejecidos magos elfos y humanos, que creía demasiado rígidos en sus pensamientos. Impaciente con las lentas discusiones y debates, frecuentemente demostraba un valor más allá del entendimiento de estos en situaciones cruciales. Fue precisamente este carácter diligente el que le llevó a uno de los sucesos que marcaría su vida. Percibiendo la presencia de una extraña fuerza en Rasganorte, la guardiana puso rumbo al helado continente. Dispuesta a averiguar que azotaba la tierra, Aegwyn encontró a los demonios entre las montañas. Descubrió que estos estaban dando caza a los últimos dragones azules sobrevivientes, absorbiendo su magia innata. Indefensos, los poderosos hijos de Malygos decidieron enfrentarse ellos mismos a las oscuras artes de sus agresores, sin embargo Aegwyn no estaba dispuesta a permitir que hicieran frente a la amenaza ellos solos. La guardiana confrontó a los demonios, y con ayuda de los nobles dragones, consiguió derrotarles. Sin embargo, tan pronto como el último demonio desapareció del mundo, una gran tormenta emergió desde el norte. Una enorme figura oscura apareció sobre el cielo. Esta decía tratarse de Sargeras, el rey de los demonios y señor de la Legión Ardiente. Sorprendida Aegwyn, no tardó en ser atacada por la misteriosa figura que afirmaba traer la destrucción del mundo. La valiente Aegwyn, creyéndose suficientemente fuerte para pelear con el amenazante dios, lanzó sus poderes contra Sargeras y llevó a cabo una terrible pelea que resonó por todos los confines del continente. Con desconcertante facilidad, Aegwyn derrotó al demonio, y creyendo que su espíritu había pasado al abismo, llevó su ruinoso cuerpo a uno de los antiguos salones de Kalimdor que se encontraba cerca del centro del gran mar. Aegwyn nunca sospechó que eso era exactamente lo que Sargeras había planeado.


La Guerra de losTres Martillos

Runas enanas de Forjaz
(230 años antes de la Primera Guerra)

Los enanos de Forjaz vivieron en paz por muchos siglos mientras su sociedad crecía entre los confines de las montañas. Un poderoso señor fue proclamado Alto Rey de todos los enanos, Modimus Anvilmar, que se caracterizó por ser un líder particularmente justo. Modimus regía con igualdad a las tres poderosas facciones que con el tiempo se habían establecido sobre la sociedad enana. El Clan Barbabronce, regido por el Rey Madoran, muy cercano al Alto Rey y tradicionalmente defensores de Forjaz. El Clan Martillo Salvaje, regido por el Rey Khardros, que habitaba los fuertes y minas cercanos a la base de la montaña y ganaba cada vez más control sobre la ciudad. Y la tercera facción, el Clan Hierro Negro, regido por el rey-hechicero Thaurissan, que habitaban las profundas sombras de la montaña, desde las que conspiraban contra el resto de sus hermanos.

Por un tiempo las tres facciones se mantuvieron en paz, pero las tensiones estallaron cuando el Alto Rey Anvilmar murió de avanzada edad. Los tres clanes en pugna estallaron en una guerra por el control de la montaña. La guerra civil enana rugió bajo la tierra por muchos años, pero finalmente los Barbabronce, con un ejército más grande y fuerte, expulsaron a los otros los clanes. Khardros y sus Martillo Salvaje viajaron hacia el norte a través de las puertas de Dun Algaz, y fundaron su propio reino en el distante pico de Grim Batol. Allí, cavaron y reconstruyeron su nueva ciudad, que habitarían pacíficamente. Thaurissan, humillado y encolerizado por su derrota, no tenía los mismos planes. Guiando a su gente hacia el sur, Thaurissan fundó una ciudad bajo su mismo nombre en las rocosas Montañas Crestagrana, y desde allí planearía en secreto un nuevo asalto contra sus primos.

La prosperidad y el paso de los años no disminuyeron el rencor del obstinado enano, que finalmente lanzó dos prolongados asaltos contra Forjaz y Grim Batol con la ayuda de su esposa hechicera Modgud. El ejército Hierro Negro atacó los fuertes de sus primos y estuvieron cerca de tomar ambos reinos. Sin embargo, Madoran Barbabrronce lideró a su clan a la decisiva victoria sobre el ejército de magos de Thaurissan. Este y sus sirvientes se retiraron a la seguridad de la ciudad, sin conocer la suerte del ejército de Modgud contra Khardros y sus guerreros Martillo Salvaje. Una terrible batalla se librara entre ambos ejércitos. Modgud usaba sus poderes para sumir en miedo los corazones de sus enemigos. Las Sombras se movían a su mandato, y criaturas tenebrosas brotaban de la tierra para atacar a los enanos en sus propios salones. Modgud logró romper las puertas de la ciudad y empezó el asedio del fuerte principal. Los Martillo Salvaje pelearon desesperadamente, hasta que finalmente, Khardros mismo tomó sus mazas y mató a la reina-bruja. Con su reina muerta, los Hierro Negro huyeron hacia la fortaleza de su rey, pero solamente para toparse con los ejércitos de Forjaz, que habían acudido en ayuda de Grim Batol. Atrapados entre los dos ejércitos, los últimos Hierro Negro de Mogdud fueron destruidos.

Los ejércitos unificados de ambos clanes se dirigieron al sur para destruir a Thaurissan de una vez por todas. Este, desesperado en su furia, trató de invocar una criatura lo suficientemente poderosa como para asegurarle la victoria. Para su perdición, la criatura que emergió no podía ser más temible que Ragnaros el Señor del Fuego, inmortal señor de los fuegos elementales, que fue derrotado por los Titanes cuando el mundo aún era joven. Liberado por el llamado de Thaurissan, Ragnaros erupcionó de nuevo a la superficie. El renacimiento apocalíptico de Ragnaros en Azeroth resquebrajó las Montañas Crestagrana al norte y creó un furioso e inmenso volcán en el centro de la devastación, que sería conocido como el volcán Rocanegra. Muerto Thaurissan por las fuerzas que el mismo había liberado, sus hermanos sobrevivientes fueron esclavizados por Ragnaros y sus elementales, que dominaron las profundidades de la montaña durante generaciones.

Observando la horrorífica devastación y los fuegos de las montañas del sur, los reyes Madoran y Khardros levantaron sus ejércitos y retornaron a la seguridad de sus reinos, eludiendo dar la cara a la ira de Ragnaros. Ambos clanes regresaron a la seguridad de sus hogares, sin embargo los Martillo Salvaje se toparon con una desagradable sorpresa al llegar a Grim batol. La montaña había sucumbido a la corrupción tras la muerte de la reina bruja, haciéndola un lugar inhabitable y dominado por la sombra. El Rey Barbabronce ofreció a sus aliados un lugar para vivir dentro de las fronteras de Forjaz, pero estos lo rechazaron. Khardros tomó a su pueblo y lo llevó hacia el norte, hacia las tierras de Lordaeron, ingresando en los frondosos bosques de Tierras del Interior. Allí construyeron su ciudad en la cima de la montaña más alta del valle, el Pico Nidal.

Tratando de mantener relaciones de comercio con sus primos, los enanos de Forjaz construyeron dos grandes arcos, que servirían de puente entre los continentes de Khaz Modan y Lordaeron, los arcos de Thandol. Interesados en el comercio mutuo, ambos reinos prosperaron, hasta que con el paso de los años, los reyes Madoran y Khardros murieron de vejez. Sus hijos construyeron dos grandes estatuas en honor a sus padres sobre el paso de las tierras sureñas, ahora volcánicas por la presencia de Ragnaros. Las dos estatuas, inmóviles, montan guardia desde entonces, sirviendo como advertencia a todo aquel que ose atacar a los reinos enanos, y como un recuerdo del precio que los Hierro Negro pagaron por sus crímenes.


El Último Guardián

Según la biblioteca secreta de los Altos Elfos.
(45 años antes de la Primera Guerra)

En los años subsiguientes la Guardiana Aegwyn continuó su cruzada contra los demonios, creyendo, despreocupada, que había derrotado a su líder Sargeras. Habiéndose convertido en un ser de increíble poder con los años, el Concilio mantuvo a la guardiana con vida extendiendo su edad cerca de novecientos años. Sin embargo, la secta de magos finalmente pensó que el tiempo de Aegwyn había llegado a su fin, y era el momento de elegir a un nuevo guardián. Enterada de la noticia, Aegwyn no tenía intención de que la orden manipulará a su sucesor como la habían manipulado a ella, así que secretamente planeó dar a luz a un hijo, el cual heredaría todo su poder. Viajando al sureño continente de Azeroth, Aegwyn encontró al perfecto padre para su hijo: el astuto mago de la corte de Ventormenta Nielas Aran. Nielas, que tenía una afinidad natural por la magia, fue seducido por la guardiana y ambos tuvieron un hijo al que llamaron Medivh, “el guardián de los secretos” en la lengua de los elfos. Aegwyn transmitiría el poder de Tirisfal en el pequeño niño, pero este no se manifestaría hasta su madurez. La guardiana creía que el niño se convertiría en el Guardián más poderoso de todos los tiempo, llegando a superarla a ella misma, pero desafortunadamente no sabía la terrible verdad de su destino: el maligno espíritu del oscuro Titán Sargeras se había ocultado en el interior de Aegwyn después de su batalla con él hace siglos, y había poseído al indefenso niño mientras este estaba en el vientre de su madre. Aegwyn no tenía idea de que el próximo guardián estaba realmente poseído por su más grande némesis.

Asegurándose de que su bebe creciera sano y fuerte, Aegwyn llevó al pequeño Medivh a la corte de Azeroth y lo dejó allí para que fuese criado por su padre mortal y su pueblo. Ella lo seguiría vigilando desde la sombra, preparándose para cederle su poder cuando estuviera listo. Medivh creció para convertirse en un muchacho fuerte, sin tener idea del gran poder que albergaba su espíritu. Pasados los años, Medivh llegó a la adolescencia, y se convirtió en un joven apuesto y popular en Azeroth por las aventuras con sus dos mejores amigos: Llane Wrynn, príncipe de Azeroth, y Anduin Lothar, uno de los últimos descendientes de la línea sanguínea Arathi. Los tres muchachos constantemente hacían travesuras por todo el reino, pero eran amados por los ciudadanos por igual. Cuando Medivh cumplió la edad de 14 años, el poder cósmico que guardaba en su interior despertó e inició una lucha terrible con el invasor espíritu de Sargeras. Combatiendo por su alma, Medivh entró en un estado catatónico que duró muchos años. Al despertar de su coma, se halló en la madurez, y sus amigos Llane y Anduin se habían convertido en los regentes de Azeroth. Aunque deseaba profundamente utilizar sus increíbles poderes para proteger su tierra, el oscuro espíritu de Sargeras trastornó sus emociones y pensamientos, para llevarlos a un terrible final.

Sargeras había dominado el confundido corazón de Medivh, y ahora sus planes de una segunda invasión demoníaca sobre el mundo estaban casi completos.

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