jueves, 18 de septiembre de 2014

Warcraft - Capítulo #5: La Segunda Gran Guerra de Azeroth

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Capítulo 5: La Segunda Gran Guerra de Azeroth
La Alianza de Lordaeron
“Mareas de oscuridad braman sobre el reino de Lordaeron, querido amigo. La sombra vil, cual nube enfermiza de pestilencia, ha corrompido los campos de Ventormenta y, voraz y violenta, arrasará a su paso toda noble visión de vida y de esperanza, sin temer a la espada ni a la Luz. Es hora de que seamos lo que siempre fuimos: una sola nación. Rápido, porque ya vienen”. Sir Anduin Lothar, a Lord Terenas Menethil, rey de Lordaeron. Archivos del Kirin Tor.
Tras la llegada a las costas de Lordaeron de miles de refugiados de Azeroth, el rey Terenas de Lordaeron convocó un consejo de delegados de cada uno de los siete reinos que gobernaba. Con los terribles relatos de destrucción y matanzas provocadas por la invasión orca de Azeroth, Lord Anduin Lothar convenció al soberano de Lordaeron para que unieran sus fuerzas frente a semejante amenaza. Después de mucho debatir y sopesar, los lores accedieron a la propuesta de Lothar y Terenas, y acordaron unir sus ejércitos bajo el mando general del propio Lothar. Tras casi tres mil años, las distintas naciones de Arathor estaban unidas de nuevo bajo el mismo estandarte. Pero estos guerreros no eran los únicos que se prepararían para la guerra...Alonso Faol, abad de la recién destruida abadía de Villanorte, convenció a los ministros eclesiásticos de Lordaeron para que equiparan igualmente a sus clérigos y fieles con armas de guerra. De la misma manera que los guardianes de Ventormenta habían empuñado sus espadas, los hombres santos de la tierra se prepararían para combatir contra las oscuras tinieblas que se acercaban amenazantes desde el sur. Uno de los aprendices del arzobispo, el noble sacerdote Uther El Iluminado, que había sido testigo de la destrucción de la abadía durante la Primera Guerra, comprendió que los esfuerzos que había hecho su orden durante este primer conflicto, no habían sido suficientes para contener el poder de los orcos. Por ello, viajó hasta el Lago Darrowmere, en el norte del continente, donde bautizó a una nueva orden de caballeros que recibió el nombre de La Mano de Plata. Enlistados en las filas reales, estos nobles y valientes caballeros aceptaron el Código de la Luz, y se convirtieron en los primeros Paladines. Sin embargo, durante el viaje a Darrowmere, la Alianza recibió el primer golpe y no precisamente de los orcos. Uther y sus caballeros fueron atacados por piratas provenientes de la ciudad de Alterac. El noble paladín descubrió que el Señor de Alterac, Lord Perenolde había traicionado a la Alianza, haciendo un trato con la Horda, con el afán de apoderarse de ricas tierras una vez diese por terminada la guerra. A pesar de esto, el primero de los Paladines no estaba dispuesto a dejar caer a su pueblo tan fácilmente. Bendecidos por la luz, los Paladines se lanzaron a la batalla con su Martillo de Luz como arma y con la fe como escudo.
Así, Lothar y Terenas no estaban solos, a su lado combatían Uther y sus paladines de La Mano de Plata, Daelin Proudmoore, almirante de la armada de Kul Tiras, Thoras AterraTrols, señor de Stromgarde,  Genn Cringris, señor de Gilneas, los poderosos magos de la ciudadela violeta de Dalaran, y Turalyon, el más experimentado de sus lugartenientes. Pero Lothar también fue capaz de convencer a las razas no humanas de Lordaeron de la inminente amenaza. Por los antiguos pasadizos subterráneos de Khaz Modan, llegaron los estoicos enanos de Forjaz, al mando de Muradin Barbabronce, hermano del rey Magni, anunciando que los orcos ya habían empezado a asaltar su reino en las montañas. De Pico Nidal descendieron los Martillo Salvaje, montando sus impresionantes grifos de guerra. De la tecno-ciudad de Gnomeregan, los astutos gnomos, enviaron sus más hábiles pilotos e ingenieros en socorro de la Alianza, junto con sus poderosos tanques de vapor y autogiros. Incluso los solitarios elfos de Lunargenta enviaron a sus arqueros, sacerdotes y hechiceras. Los elfos, liderados en aquel tiempo por Anasterian Caminante del Sol, no estaban muy interesados en el conflicto, sin embargo, el deber les obligaba a ayudar a Lothar, ya que era él último descendiente del linaje Arathi, que había ayudado a los elfos en el pasado. Por primera vez en la historia, se echó tierra a los prejuicios malignos que habían existido desde antaño entre las tres razas, y se creó un vínculo conocido como “La Gran Alianza de Lordaeron”.
Unidos por las armas frente a un mismo enemigo, la Alianza se erigió por encima de las orillas del destino, sin embargo, no era la única que contaba con nuevos aliados. La Horda, ahora liderada por Señor de la Guerra Orgrim Martillo Maldito, también hizo sus propias alianzas. Desde Draenor, llegaron los gigantescos y brutales Ogros, bajo el liderazgo de su cabecilla Cho’gall; de las profundidades del bosque la Horda reclutó a los discriminados Trols de Zul’Aman, que perseguían venganza contra los Altos Elfos, que una vez les habían arrebatado su hogar. Así mismo, los ambiciosos Goblins, también se aliaron con la Horda, provisionándola de maquinaria de asedio, zeppelines y barcos. Con los ejércitos ya preparados, una masiva campaña se inició para tomar el reino Enano de Khaz Modan y las regiones sur de Lordaeron. Las épicas batallas de la Segunda Guerra recuerdan grandes e igualados enfrentamientos navales y peleas aéreas masivas. Sin embargo un gran acontecimiento cambiaría el rumbo de la guerra. En las profundas cavernas de Khaz Modan los exploradores orcos desenterraron un poderoso artefacto, conocido en Azeroth como el Alma de Demonio. Gracias a este artefacto, los brujos orcos lograron esclavizar a la gran dragona roja Alexstrasza. Amenazada con destruir sus preciosos huevos, la Horda forzó a la Protectora de la Vida mandar a sus hijos a la guerra, que se vieron obligados a enfrentarse en gigantescas batallas contra las fuerzas de la Alianza. La guerra rugió a través de todos los continentes hasta que con el tiempo, la Horda tomó ventaja incendiando las boscosas fronteras de Quel´thalas, y realizando enormes ataques navales a las refinerías de Kul Tiras y a los puertos y ciudades costeras de Lordaeron. Uther y sus Paladines montaron asedio contra la ciudad de Alterac, dispuestos a derrocar a su traidor rey, pero gracias a una revuelta provocada por los propios campesinos, Lord Perenolde fue depuesto, aunque logró escapar. Las grandes ciudades y pueblos de Lordaeron fueron arrasadas y devastadas por el conflicto, y a pesar del ingente esfuerzo, Lord Lothar y sus aliados se vieron finalmente obligados a retroceder hasta las murallas mismas de la Ciudad Capital de Lordaeron.
Sin embargo, durante los días finales de la Segunda Guerra, cuando la victoria de la Horda sobre la Alianza parecía segura, una terrible disputa surgió entre los dos orcos más poderosos sobre Azeroth. Mientras Martillo Maldito preparaba su asalto final sobre la Ciudad Capital, un asalto que hubiera resquebrajado los últimos remanentes de la Alianza, Gul´dan y sus seguidores, abandonaron sus puestos y se hicieron a la mar. El irritado jefe Orgrim, viendo reducidas sus fuerzas debido a los engaños de Gul´dan, abandonó su más grande oportunidad de victoria sobre la Alianza. Gul'dan, obsesionado con la obtención de la divinidad, se había embarcado en una búsqueda desesperada de la submarina Tumba de Sargeras, que creía contenía los secretos del poder definitivo. Con el respaldo de sus seguidores, Gul'dan logró elevar la Tumba de Sargeras del fondo del mar, sin embargo, cuando abrió la antigua bóveda inundada, sólo encontró demonios enloquecidos que le esperaban.
Buscando castigar a los orcos descarriados por su costosa traición, Martillo Maldito envió a sus fuerzas para encontrar a Gul'dan y traer a los renegados de vuelta. Sin embargo, Gul'dan había sido asesinado por los demonios enloquecidos. Con su líder muerto, los clanes renegados cayeron rápidamente ante las enfurecidas legiones de Martillo Maldito. Aunque la rebelión había sido sofocada, la Horda fue incapaz de recuperarse de las terribles pérdidas que había sufrido. La traición de Gul´dan no solo le había dado esperanza a la Alianza, sino también tiempo para reagruparse y contraatacar. Lord Lothar, viendo a la Horda fracturada desde dentro, reunió sus fuerzas y empujó, en un choque frontal a Martillo Maldito hacia el sur, obligándolo a replegarse hacia el corazón de la destruida Azeroth. Allí, las fuerzas de la Alianza arrinconaron a la Horda en retirada hacia el fuerte volcánico de Rocanegra, donde el clan del Señor de la Guerra tenía su base. En el fragor de la batalla, los dos bravíos líderes se encontraron. Después de una larga y violenta batalla, al final Lord Lothar cayó mortalmente herido. Sin embargo, la muerte de Lothar no produjo el efecto que Orgrim hubiera deseado. Lejos de desalentarse, su lugarteniente Turalyon levantó el escudo de su comandante y dirigió un furibundo ataque a la base orca, que se vió obligada a retroceder a los pies mismos del Portal Oscuro. Finalmente, Uther y los Paladines en un ataque temerario lograron abrir una brecha hacia el Portal. Las fuerzas de Turalyon y Uther combinadas avanzaron y destruyeron a las masivas fuerzas de la Horda en retirada. Únicamente Kilrogg Ojo Tuerto logró escapar hacia Draenor. Sin capacidad para recibir refuerzos y divididos durante la batalla, la Horda finalmente había caído ante el poder de la Alianza.
Los escasos clanes orcos que sobrevivieron fueron capturados y colocados en campos de internamiento. Aunque la Horda había sido finalmente derrotada, algunos aún se mostraban escépticos de que por fin el conflicto hubiera terminado. Khadgar, ahora un archimago de renombre, convenció a la Alianza de construir el fuerte de Nethergarde para vigilar las ruinas del Portal Oscuro y asegurarse de que ninguna amenaza volviese a atravesar las fronteras de Azeroth.

Más allá del Portal Oscuro
Con los fuegos de la Segunda Guerra apagándose, la Alianza trató de acabar con los últimos vestigios de la Horda orca. Un gran número de campos de internamiento fueron construidos en el sur de Lordaeron para albergar a los prisioneros orcos. La vieja fortaleza de Durnholde, elevada sobre una colina que observaba toda la región, fue erigida como bastión principal de los campos, al mando del veterano de guerra Lord Aedelas Lodonegro. Incluso el mismísimo Señor de la Guerra, Orgrim Martillo Maldito, fue puesto preso, convirtiéndose en el esclavo personal del rey Terenas. Aunque los orcos prisioneros estaban tensos y ansiosos por volver a luchar, los distintos guardianes de los campos, mantuvieron una fuerte apariencia de paz y orden. Sin embargo, en el infernal mundo de Draenor, un nuevo ejército orco se preparaba para golpear de nuevo a la inadvertida Alianza. Ner´zhul, el antiguo mentor de Gul´dan, había reunido a los clanes sobrevivientes bajo su negro estandarte. Aliado con el clan Diente Negro de Rend y Maim (hijos del difunto Puñonegro), y apoyado por su propio clan Sombraluna, el viejo chamán planeaba abrir nuevos portales en Draenor que llevarían a la Horda a nuevos mundos para saquearlos. Para dar energía a estos nuevos portales, Ner’thul necesitaba el poder de cuatro poderosos artefactos en Azeroth: el Libro de Medivh, el Bastón enjoyado de Sargeras, el Orbe de Dalarán y la mismísima calavera de Gul’dan, que había sido encontrada y transformada en un poderoso tótem de energía demoníaca. La nueva Horda, liderada por el joven Grom Grito Infernal y el veterano Kilrogg Ojo Tuerto, sorprendió las defensas de la Alianza. Bajo los quirúrgicos mandatos de Ner´zhul, los orcos rápidamente obtuvieron los artefactos que necesitaban y volvieron a la seguridad de Draenor. Advertidos por el ataque repentino de los orcos, los magos del Kirin Tor informaron al rey Terenas de los planes del orco y le convencieron para realizar una expedición hacia Draenor, más allá del Portal Oscuro, para así acabar con la amenaza orca de una vez por todas. Las fuerzas de la Alianza, al mando del general Turalyon y del archimago Khadgar, marcharon sobre Draenor junto con tres héroes más de la Alianza: la elfa Alleria Brisaveloz, el veterano Danath AterraTrols y el enano Kurdran Martillo Salvaje. Tras atravesar el portal inmediatamente entraron en combate con los clanes de Ner´zhul en las rojas praderas de la Península de Fuego Infernal. Los valientes héroes hicieron un desesperado intento por detener al orco, pero desafortunadamente, no fueron capaces de prevenir que el chamán abriera los portales. Confiado Ner’zhul había logrado su propósito, sin embargo un terrible precio tuvo que pagar por ello. Las tremendas energías de los portales provocaron que Draenor empezara a consumirse en una terrible espiral de destrucción. Mientras las fuerzas de Turalyon trataban desesperadamente de volver a Azeroth, el mundo de Draenor se comprimía sobre sí mismo. Grom Grito Infernal, viendo que la locura de Ner´zhul había traído la perdición a toda su raza, reunió a los orcos remanentes y lograron escapar hacia la relativa seguridad de Azeroth.
Ante la inminente deflagración, Khadgar temió que la onda de destrucción podría atravesar el portal poniendo en peligro la seguridad de Azeroth, así que, sabiendo que esto le costaría su vida y la de sus compañeros, utilizó los poderes de la calavera de Gul’dan y el Libro de Medivh para cerrar el portal en un último acto de sacrificio. Aunque el libro logró ser salvado y devuelto a Azeroth, la calavera fue extraviada en el proceso. Ner´zhul y algunos de sus seguidores lograron pasar a través de uno de los portales. Sin embargo Rend, Maim y la mayoría de los orcos no pudieron escapar y quedaron atrapados en la caótica dimensión. Una masiva explosión separó los continentes de Draenor. Los océanos ardientes se abalanzaron sobre la torturada tierra hasta que finalmente el mundo fue consumido en una masiva y apocalíptica implosión.

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